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Profetas
y Milagros
Los
Profetas divinos siempre han sido enviados con claros signos destinados a
convencer a los hombres que provenían de Dios.
Así, aquellos cuyas almas son limpias como espejos pulidos y claras como
el agua de un manantial, pueden reconocer los signos, sentirlos y tener
fe:
igual que los brujos de la época del Faraón que, cuando vieron los
milagros de Moisés (P.) cuando su bastón se convirtió en serpiente,
comprendieron que aquello estaba más allá del poder de un ser humano y
creyeron en él, despreciando las amenazas del Faraón.
Los discípulos de Isa –Jesús- (P.), asimismo, presenciaron como éste,
pasando su aliento sobre los cuerpos de los muertos, los hacia, levantar
y volver a la vida.. Estaban atraídos por él y las almas y espíritus
de los muertos lograban vida eterna mediante la fe en Isa (P.).
El Profeta del Islam, el último y más grande de ellos, que trajo una
religión eterna, la más sublime de todas las religiones divinas que
durará hasta el día de la resurrección,
llegó en el momento de su misión con claros signos de Dios, de tal
manera que no hubiera lugar a dudas sobre la legitimidad de Su verdadera
y perfecta religión.
El Corán, documento eterno del Islam, apareció en el horizonte del
pensamiento humano. El Corán es la luz que brilla para los seguidores
de Muhammad (B.P.D.), el brillante signo divino cuya luz es tan esencial
como los rayos del sol para la continuación de la vida y la
salvaguardia de la felicidad de toda la humanidad, sin distinción de
razas o clases. Dentro de este marco y sobre esta base, todo lo
necesario para guiar al hombre ha sido establecido.
El
Corán aclara los fundamentos de la creencia y la relación entre el
hombre y Dios, reforzando dicha relación con palabras limpias como las
aguas de un arroyo y firmes como una montaña, atractivas, elocuentes y
poderosas. El Corán sienta las responsabilidades sociales del hombre y
enseña los modos y reglas de conducta social, poniendo fin a
diferencias de clase y a divisiones injustas. Además, exalta lo mejor
de los hombres en su hermandad y en su espíritu elevado.
Estar versado en vocabulario y saber manejar las palabras con facilidad
no supone un problema, pero saber combinarlas y armonizarlas de manera
que obtengan fluidez y elocuencia así como la construcción de frases
de variada expresión conservando la espontaneidad, es un difícil arte
que no puede ser dominado sin grandes conocimientos literarios.
Se dice que para que un discurso o escrito sean elocuentes, se deben
observar tres principios:
1- Destreza en el uso de los vocablos y sus significados.
2- Uso intencionado de vocablos poderosos y sutilidad en su uso.
3- Fuerza de expresión o pericia con la pluma.
Aún así, no debemos olvidar que por mucho que alguien observe las
reglas de la elocuencia, nunca podrá afirmar que su discurso es
insuperable. En cambio Alá, el Todopoderoso, cuyo conocimiento carece
de limites, ha otorgado a sus palabras en el Corán una armonía tal que
ni aún el hombre más elocuente de la tierra puede producir algo
similar. Y este es el secreto de la Perpetuidad del Corán, el documento
Profético de Hazrat Muhammad (B.P.D.).
El Corán, según
testimonio histórico, surgió en una época en que la literatura árabe
estaba en el ápice de su actividad. Los famosos poetas y grandes
oradores, Imre’ul Qais, Labid, etc. todavía hoy considerados como
genios literarios, escribieron poemas formidables que fueron bordados en
cortinas y grabados en placas de oro en las paredes de la Ka‘aba. Pero
al surgir el glorioso Corán, todos ellos perdieron su brillo y fueron
eclipsados como las estrellas. Los literatos árabes estaban asombrados
por la elocuencia del Corán. Ésta era tal que los acérrimos enemigos
de Muhammad (s.a.) que ardían de odio hacia el Islam y que incluso le
combatieron con sus espadas, fueron incapaces, a pesar de todos sus
esfuerzos, de encontrar un solo error en el lenguaje o la expresión del
Corán.
En la época del Hayy, la gente llegaba a La Meca desde muchos
lugares y los Quraish temían que la Profecía de Muhammad hiciera
efecto sobre los recién llegados. De esta forma un grupo de los Quraish,
mandado por Walid, se reunió para decidir que podrían acusar
injustamente al Profeta para desacreditarle ante los peregrinos. Al
empezar la reunión, uno de ellos dijo: “Digamos que es un simple
adivino.”
“No nos creerán”, dijo Walid, “pues él no habla como los
adivinos”.
“Digamos pues que está chiflado”, dijo otro.
“Nadie aceptará eso, -contestó Walid-, ya que sus palabras y su
conducta no son las de un loco”.-”Digamos pues que es un poeta”
dijo alguien. “Eso tampoco sirve, pues todos los árabes conocen poesías
y sus palabras no tienen nada que ver con los poemas comunes”.
“Entonces hagamos correr la voz de que es un brujo”.
Y Walid respondió: “Juro por Dios que las palabras de ese hombre
tienen una dulzura y atracción especiales. Su palabra es como un árbol,
con fuertes raíces y tronco, y exuberantes ramas cargadas de frutas.
Por eso le podemos decir a la gente que sus palabras están embrujadas,
pues provocan la separación entre padres e hijos, marido y mujer,
hermano y hermana. (Estas palabras de Walid reflejan el hecho que todo
Musulmán, al aceptar el Islam, emprende una nueva dirección en su
vida, lo cual a veces suponía el abandono de su familia por la oposición
de credos). Para intuir la elocuencia del Corán y su calidad, los que
no hablan árabe pueden referirse a los comentarios de aquellos árabes
que comentaron el Corán en su época y también a los autores actuales
de estudios sobre el lenguaje árabe.
Evidentemente, desde los días del Profeta, hasta hoy, todos los
especialistas familiarizados con el arte de la elocuencia en el lenguaje
árabe dan fe de la incomparable elocuencia del Corán, hecho que les
deja sorprendidos. El escritor árabe contemporáneo Abdulfatah Tabarí
escribe: “La historia árabe nos habla de muchos hombres famosos, hábiles
con la poesía y la prosa, como Ibn Muqaffa, Jahiz ibn Amid, Farazdaq,
Bashshar, Abú Nuwás, Abu Tamman, etc., pero todos ellos han hecho gala
de humildad ante el Corán, confesando que el gran Corán no son las
palabras del hombre sino la Revelación de Dios.”
El Dr. Taha Hussayn, el convincente escritor egipcio contemporáneo dijo:
“El Corán trasciende los límites de la prosa y la poesía, poseyendo
cualidades especiales que no pueden ser encontradas en ningún poema ni
prosa. Así pues, el Corán no puede ser llamado poesía ni prosa, sino
que debería decirse: “Es el Corán, eso es todo.”
Las palabras o la escritura de una persona, no importa cuan elocuente o hábil
sea, nunca serán uniformes en toda condición y circunstancia.
Particularmente, sus primeras obras serán muy diferentes de los
escritos realizados después de años de práctica y experiencia, estos
últimos suelen ser casi siempre mejores.
Pero el Corán, durante los 23 anos que fue revelado, a través de las
distintas circunstancias como un largo río, fue fluyendo por lugares
pedregosos, cascadas, desfiladeros, valles y llanuras, conservándose
siempre claro y fresco como una fuente. La unidad y armonía de sus
temas y el estilo de su expresión son un portento. Si observamos la
diversidad de temas que contiene el Corán nos maravillaremos de
constatar que su estilo y expresión permanecen constantes.
En el caso de que alguien haya alcanzado un alto grado de maestría en
cualquier asunto, podrá hacer prodigios en su rama. Sin embargo, fallará
al intentar hacer algo en otra rama que no controle. En cambio el Corán
es un prodigio en cada rama.
Aunque la principal meta del Corán, tal como en él mismo se expone,
consiste en Guiar al hombre al camino de la felicidad y el progreso en
este mundo, en él están contenidas muchas verdades científicas sobre
ciencias naturales, fisiología y astronomía. Y éste es otro de los
grandes prodigios del Corán, ya que el Profeta, según confirma la
historia, nunca había estudiado, pues vivió en un ambiente sencillo
alejado de los ciruelos científicos e intelectuales de esa época, que
se encontraban en Grecia, Roma e Irán.
Vamos a comentar ahora algunos de los testimonios de este portento.
1- La meteorología es una ciencia moderna. El conocimiento de los
pueblos de la antigüedad sobre los fenómenos de las nubes, el viento y
la lluvia no pasaba de la conjetura y la observación, careciendo por
completo de base científica.
Capitanes y granjeros tenían sus propios métodos para predecir vientos
y lluvias, pero en realidad no comprendían estos fenómenos.
Las cosas siguieron así durante siglos hasta que en el siglo XVII fue
inventado el termómetro, en el XIX el telégrafo y gradualmente otros
instrumentos necesarios para la meteorología fueron siendo inventados.
Al fin, a principios de este siglo el científico noruego Byerkness
descubrió y enunció las leyes generales de la formación y el
movimiento de las nubes y del origen de lluvias y tempestades.
Después de él, los descubrimientos en esta ciencia, al igual que en las
otras, se ampliaron: La propiedad de descargar lluvia de las nubes, cómo
la lluvia se forma en ellas, el fenómeno del granizo, los rayos,
truenos y los ciclones tropicales, las capas de aire que cubren la
tierra y otras cosas, hasta la extensión actual de los limites del
conocimiento en esta materia.
En cambio quince siglos antes, cuando el Corán habló sobre la lluvia y
otros fenómenos, era como si hablara de los últimos conocimientos
meteorológicos de la época. Por ejemplo, hoy sabemos que una nube
puede alcanzar el punto de saturación sin descargar lluvia, ya que está
formada por partículas microscópicas de agua suficientemente pequeñas
como para no ser afectadas por la gravedad, sin embargo, partículas
invisibles de sal levantadas por los vientos marinos, provocan la
lluvia.
Y otro importante fenómeno: la humedad del aire se agrupa alrededor de
los minúsculos cristales de hielo que flotan a mucha altura.
Eventualmente, éstos, dispersados por el viento formarán pequeñas
gotas que por colisión con otras gotitas aumentarán de tamaño hasta
caer por su propio peso desde las nubes.
Esto es lo que el Corán aclaró hace 15 siglos:
“Y hemos enviado vientos
para la fructificación, y además enviamos agua desde el cielo, así te
damos a ti de beber de ella”. (XV:22)
2- No fue hasta que, después de inventado el avión, al realizar vuelos
a gran altura el hombre descubrió que en esa zona existían masas
formadas por finas agujas de hielo. Hasta entonces nadie podía
sospechar que las nubes llamadas cirros son en realidad enormes masas de
agujas de hielo flotando a una enorme distancia del suelo. Y el Corán
es explicito cuando dice:
“El envía desde el cielo,
desde montañas en él, granizo.” (XXI V:43)
El
milagro eterno del Profeta del Islam lo constituye el Corán, el cual
contiene dentro de sí milagros desde varios aspectos. Desde el punto
de vista de la retórica y la elocuencia, de las predicciones que
anuncia y desde el punto de vista expresivo, que son esos mismos
aspectos artísticos, en cuanto a belleza de palabras y frases se
refiere. En relación a este último tópico se puede señalar el
milagro numérico del Corán.
‘Abdul
Razzaq Nawfil, investigador contemporáneo egipcio, en el libro
«El
Milagro numérico del Corán», se ocupó en investigar las
maravillas del Corán en lo relacionado al orden numérico. El Profesor
Abdul Razzaq escribe respecto a su propio libro: «De entre los favores
de Dios Altísimo hacia mí está que mientras escribía el libro
«El
Islam, religión y vida mundana», me guió para que me diera cuenta
que el término Dunia -vida mundana- ha sido repetido en el Corán igual cantidad de
veces que fue repetido el término
Ajirah
-el más allá-. Además cuando preparaba el libro
«El
mundo de los genios y los ángeles» me indicó que la expresión
Malá’ík
-ángeles- se repitió igual número de veces en el Corán que
Shaiatin
-demonios- y yo mencioné estas conclusiones en los dos libros
anteriores. En esos momentos yo no sabía que esta armonía abarcaba a
todo lo que el Corán mencionaba. Desde entonces, cualquier
investigación que hacía en el Corán, llegaba a una conclusión
maravillosa, ya sea que los temas de investigación fuesen semejantes
o contrapuestos, ¡y eso es un milagro! Es una imagen de las diferentes
imágenes de los milagros. Es algo superior a la fuerza humana y más
elevado que los límites del intelecto del hombre y me pareció que
aquello a lo que Dios me orientó debería ser propagado y divulgado
para hacer conocer a la gente este nuevo aspecto del milagro coránico».
Este
libro consta de tres capítulos. En la primera parte del libro trata
sobre los términos que son opuestos y contradictorios, como el
Dunia y el jiirah
cada uno
de los cuales fue repetido 115 veces en el Corán. Los términos
Shaiátin
y Malá‘ik se encuentran 68 veces cada uno. Todas las derivaciones
del vocablo Naf’ -beneficio-
es igual a todas las derivaciones del vocablo
Fasád
-corrupción-, repetidas 50 veces-. Cada uno de los términos
Saíi’at
-maldades- y Salihat -bondades- fueron repetidos 167 veces en el Corán. Asimismo en este
capítulo se señala la cantidad de veces que se repiten los términos
que tienen cierta relación entre si. Por ejemplo el término
Imán -fe- se utilizó 811 veces, en tanto que los dos vocablos Ilm
-conocimiento- y Ma’rifah -saber-juntos fueron repetidos 811 veces. Otros términos
también han sido investigados, que si bien no tienen números idénticos
de repetición. unos son múltiplos de otros que presentan un sentido en
especial. Por ejemplo Ar-Rahman
—el
Misericordioso- fue repetido 57 veces -probablemente sin contar el
epíteto Bismil lahi Ar-Rahmáni
Ar-Rahim- mientras que el vocablo
Rahim
—el Misericordiosísimo- fue mencionado 114 veces, que equivale al número de
suras córanicas.
En
el segundo capitulo del libro también se observan puntos sorprendentes
en lo relacionado a los milagros del Corán. Por ejemplo los dos términos
jabz y Jiánah -maldad y
traición se repitieron cada uno 16 veces en el Corán.
La
cantidad de casos que se refieren a los musulmanes en el Corán
iguala al número de casos que hablan del
Yihad
-lucha sagrada-, y su número es 41 veces.
El
término Zaqat -purificación-
fue mencionado 32 veces y el
término Barakah -bendición-
también, naturalmente con los derivados de la palabra.
El
vocablo Nur -luz- y sus
derivados han sido repetidos 49 veces y la palabra ‘Aql
-intelecto- y sus derivados también 49 veces. Lo sorprendente es
que la palabra Qalú -dijeron-
y la palabra Qul -di- cada una
fue repetida 332 veces.
En
la tercera parte del libro se investigaron otros aspectos de los
milagros del Corán, a modo de ejemplos los términos
Ruku’
-inclinación ritual- y Qunut
-devoción-
cada uno se mencionaron 13 veces
-junto a sus derivados-. Las palabras
Yahr
-manifiesto- y A‘laniiah
-notorio-
cada una fueron repetidas 16 veces. Los vocablos
Shayar
y Nabát -árbol y
plantas-
y sus derivados, cada uno 26 veces.
La
cantidad de veces que se repiten los vocablos
Shiddah -dureza- y Sabr
-paciencia-
es la misma, puesto que cada uno ha sido citado en el Corán 102
veces, junto a sus derivados.
El
conjunto de los términos Nás,
Malá’ik y Álamin -gente, ángeles y universo- ha sido utilizado
382 veces y exactamente el mismo número de veces ha sido repetido el
vocablo Aiát -signos (divinos)-. Lo interesante es que los vocablos
Nadhír
Bashír Nabif y Rusul—amonestador,
albriciador, profeta y mensajeros-, todos juntos han sido repetidos
518 veces mientras que los nombres de los profetas y enviados, que son
los amonestadores y albriciadores, han sido repetidos igual cantidad de
veces.
Asimismo
la cantidad de casos que se refieren al Corán iguala al conjunto de
casos que han sido mencionados los términos
Nur.
Hikmah y Tanzíl —luz,
sabiduría y revelación-cuyo número es 68.
El
término Iaum -día- se repitió
365 veces (igual a la cantidad de días del año) y su plural
Aiiám y sus duales Iaumain
y
Iaumán 30 veces
(correspondiendo al número de los días del mes), en tanto que el término
Shahr -mes- fue mencionado 12 veces, correspondiendo a la cantidad
de meses del ano.
Teniendo
en cuenta que el Corán fue revelado a un Profeta iletrado, a lo largo
de 23 años, y en ocasión a los diferentes motivos que producían la
revelación de cada aleya, podemos valorar aun más todas estas
coincidencias.
El hombre, gracias al avance científico, puso pie en la luna. Pero la
cuestión de sí existe vida en otros mundos aún no pasa de la teoría.
Lo único que podemos decir es que es probable que existan seres vivos
en otros sistemas planetarios. El Corán inequívocamente declara:
“Y de Sus signos es la
creación de los cielos y la tierra y de lo que ha repartido en ambos de
seres animados y para su encuentro cuando Él
desee; Él es Todopoderoso”. (XLIJ:29)
4- En la Sura 36 (Ya-Sin), verso 36, se nos dice:
“Gloria a El que creó
todos los pares de lo que la tierra produce y de ellos mismos y de lo
que no saben.”
Y en la Sura 20 (Ta-Ha), verso
53, leemos:
“Y envió el agua del cielo
y con ella hemos multiplicado variados pares de plantas
En la época en la que
los conocimientos humanos desconocían la genética, los que
interpretaban el Corán daban a dichos versos un sentido filosófico con
términos que no existen en el Corán. En cambio hoy, gracias a la
investigación, todo el mundo sabe que las plantas también se
reproducen por función sexual, dándose en el mundo vegetal también el
concepto de dos sexos distintos.
No sólo desde el punto de vista de la elocuencia, sino como ya hemos
visto, también desde la perspectiva de la ciencia y la sociedad a todos
los niveles, el Corán es un milagro. Por esta razón el Corán se
dirige a la humanidad diciendo:
“Si tú dices que este libro es la palabra del
hombre, produce algo semejante a él.”
Di: Si los hombres y espíritus
se unieran para producir el igual de este Corán, nunca podrían
producir su igual, aunque apoyen uno.
“O acaso dicen: ‘Él lo
ha tramado?’ Dí: Producid pues diez Suras semejantes, tramadas; e
invocad a quien seáis capaces, aparte de Alá, si habláis la verdad.
Si entonces no os contestan, sabed que ha sido enviado por la Sabiduría
de Alá, y que no hay dios
aparte de Él”. (XI:13-14).
“Y si tenéis dudas sobre
lo que hemos enviado sobre Nuestro siervo, entonces traed una Sura así”.
(11:23)
Pero hemos visto a través del testimonio de la historia que hasta ahora
nadie ha tenido el coraje de hacer esto y fabricar algo igual.
Naturalmente, durante la vida de Muhammad (B.P.D.) y después de su
muerte, algunos árabes como Musailemah, Sajah e Ibn Abil-Awja,
planearon retarle, pero no fueron capaces y, eventualmente, confesaron
su fracaso.
En los tiempos del Profeta (B.P.D.), los enemigos del Islam, que usaron
los más crueles medios en sus conspiraciones, torturando a los
musulmanes, boicoteándoles económicamente, intentando asesinar a
Muhammad (B.P.D.), etc. no encontraron forma de hacer el simple trabajo
de ‘fabricar una Sura como las del Corán’.
En el día de hoy también, los intelectuales que invierten millones de dólares
tratando de destruir el Islam, ciertamente llevarían a cabo el ataque
de la barata y fácil manera de fabricar una Sura (capítulo) como las
del Corán, si pudieran. En el caso de que hubieran podido hacerlo hasta
ahora, habría sido una victoria para ellos y el ocaso del Islam, y la
noticia se habría propagado a través de todo el mundo con los costosos
sistemas de información de que dispone.
Por fin, es necesario que recordemos que si nos esmeramos en conocer el
Corán o, en todo caso, conocerlo mejor y en poner su magnífico y armónico
proyecto en acción, la grandeza nos acompañará y aun más.
El gran edificio de la grandeza musulmana se vino abajo cuando dejamos de
poner en práctica las enseñanzas de este Libro Celestial. Así hemos
caído y nos hemos satisfecho solo con la etiqueta de ‘Islam’.
Nuestro
esplendor abandonado volverá cuando abandonemos este torcido camino y
volvamos a empezar, volviéndonos nuevos Musulmanes y poniendo el Corán
a la vista de nuestros corazones y nuestro conocimiento, como ejemplo
para toda la vida; tal como el Profeta dijo: “Cuando las calamidades
os rodeen como la oscuridad de la noche, alcanzad el Corán”.
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